El 1 de noviembre se
celebra en nuestro país el día
de Todos los Santos, la fiesta en que se veneran aquellos
santos que se han quedado fuera del calendario litúrgico. Siguiendo la
tradición cristiana, durante este día se acude a los cementerios a recordar a
nuestros difuntos y se decoran las tumbas con velas y flores.
Pero hay
tradiciones para todos los gustos, dentro de nuestro país, en Cádiz se celebra
Tosantos, disfrazando los conejos y gallinas y creando muñecos con frutas y
verduras que son una crítica a la sociedad. Es muy común el consumo de dulces
típicos de estas fechas, algunos ejemplos son, en Cataluña la castañera reparte
castañas, boniatos y panellets, o en Extremadura se sale al campo a merendar la
chaquetía. Si te ha entrado un poco de hambre puedes echar un vistazo a los más
deliciosos dulces en nuestro post sobre los Postres típicos de
Todos Los Santos.
Además, Todos los Santos es
ampliamente celebrado en todo el mundo, con una fiesta que algunos consideran
heredera de la fiesta pagana de Shamhain, que celebraba la llegada del frío,...
adaptada a los tiempos modernos como Halloween! Una tradición anglosajona que
cada año estamos haciendo más nuestra.
El Día de Todos
los Santos es una tradición católica instituida en honor de todos los
santos, conocidos y desconocidos, según el papa Urbano IV,
para compensar cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por
parte de los fieles.
En los países de
tradición católica, se celebra el 1 de
noviembre; mientras que en la Iglesia
ortodoxa se celebra el primer domingo después de Pentecostés;
aunque también la celebran las Iglesias Anglicana
y Luterana.
En ella se venera a todos los santos que no tienen una fiesta propia en el calendario litúrgico. Por tradición es un día
festivo, no laborable.
La Iglesia
primitiva acostumbraba a celebrar el aniversario de la muerte de un mártir en el
lugar del martirio. Frecuentemente los grupos de mártires morían el mismo día,
lo cual condujo naturalmente a una celebración común. En la persecución de Diocleciano el número de
mártires llegó a ser tan grande, que no se podía separar un día para
asignársela. Pero la Iglesia, creyendo que cada mártir debía ser venerado,
señaló un día en común para todos. La primera muestra de ello se remonta a
Antioquia en el Domingo antes de Pentecostés.
También se
menciona este día en común en un sermón de San Efrén
el Sirio en 373. En un principio solo los mártires y San
Juan Bautista eran honrados por un día especial. Otros santos se fueran
asignando gradualmente, y se incrementó cuando el proceso regular de
canonización fue establecido; aún, a principios de 411 había en el Calendario caldeo
de los cristianos orientales una “Commemoratio Confessorum” para el
viernes. En la Iglesia de Occidente, el papa Bonifacio
IV, entre el 609 y 610, consagró el Panteón
de Roma a la Santísima Virgen y a todos los mártires, dándole un
aniversario.
Gregorio
III (731-741) consagró una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los santos y
fijó el aniversario para el 1 de
noviembre. Gregorio IV extendió la celebración del 1 de noviembre
a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.






